MUJERES MAGNIFICAS (III)
Esencial mujer continúa llenando esta sección de Mujeres Magníficas.
No es famosa.
No la han otorgado ningún premio, aunque deberían habérselo dado.
No ha salido en ningún programa de televisión vendiendo su intimidad por dinero.
Se llama Pepa o Pepi, como quiere que la llamemos sus amigos y es merecedora de encabezar esta sección.
Dio a luz en casa, como se hacía entonces, enseguida notó algo extraño en el niño.
Con tres meses su hijito no se sentaba, no se mantenía recto, carecía de estabilidad.
Notó que no tenía movilidad ni en el brazo izquierdo, ni en la pierna izquierda.
El primer médico que vio al niño los mandó a la Cruz Roja para que allí, por medio de ejercicios gimnásticos, fortaleciesen los miembros de su hijo. El galeno no la supo dar un diagnóstico.
Pepi estuvo yendo a la Cruz Roja con su hijo en brazos todos los días, incansablemente, desde que el niño tenía tres meses hasta los dos años y medio. El niño no avanzaba y ella terminaba exhausta.
Hicieron a su hijo unos test cerebrales que el niño superó sin problemas colocando las piezas y los colores correspondientes.
Los médicos seguían descartando enfermedades y Pepi seguía pendiente de su hijo, la casa y su trabajo, era sastra pantalonera. Estaba agotada y desesperada observando los nulos avances de su pequeño.
Por fin llegaron los resultados de los test, los médicos no la dieron buenas noticias, su niño tenía Parálisis Cerebral. La dijeron que no podían hacer mucho más por el niño, era inteligente, pero la parte física se iría deteriorando más y más. La recomendaron otro hospital.
Pepi seguía llevando a su hijo en brazos, el niño no caminaba, apenas se sentaba. En el nuevo hospital le hicieron más pruebas y muchos ejercicios y comenzó a tener pequeños avances, de hecho a los cinco años logró caminar un poco, apenas siete metros, pero fue un logro porque no se cayó.
Escolarizó a su hijo, no quería desperdiciar la inteligencia del niño ni aislarle, le seguía llevando en brazos. Por aquél entonces no existían las ayudas sociales, ni acceso a silla de ruedas, tampoco había ningún autobús que la aproximara al centro escolar.
Los médicos decidieron someter a su hijo a una intervención quirúrgica y después de la primera siguieron muchas más, sin éxito. Su hijo, no consiguió andar.
Pepi veía con orgullo que a su hijo le querían los compañeros debido a su carácter extrovertido. Los alumnos fueron tomando confianza y la ayudaban a cargar a Juan, que así se llama mi héroe, mi amigo, cuando iba a llevarle al colegio o bien a buscarle.
Pepi dio puerta a su marido cuando no existía el divorcio, era ludópata y se gastaba tanto el dinero que él ganaba como el que ella aportaba a la economía familiar. Se quedó con sus tres hijos, Juan y sus dos hermanas.
Pepi luchó años tras año y sigue luchando por Juan, por conseguir ayudas, taxis, una silla de ruedas automática, todo por y para su hijo.
La vida le ha pasado factura a Pepi, pero no se queja. Tiene artritis o artrosis, siempre me lío con estas enfermedades, padece dolores terribles y se la van deformando algunos miembros. Ya ha cumplido 75 años, pero quiere vivir hasta los 100. Pese a lo que ha padecido y padece, su cara se ilumina con una hermosa sonrisa cuando habla de su vida. Ha criado ella sola a sus tres hijos, ya adultos y ahora cuida también de sus nietos, me dice orgullosa.
¿Merece o no merece encabezar la sección de Mujeres Magníficas?
Esencial mujer.
Enlace: Parálisis cerebral
