ESPIRITU NAVIDEÑO (V)
Del diario de Joaquín.
Anoto rápidamente porque mi madre se va y yo también, acaba de irse de mi habitación, estábamos conversando pero han llamado por teléfono, se ha ido a contestar al salón y al rato ha vuelto diciéndome que se marchaba, que ya hablaríamos en otro momento y que tenía el frigorífico lleno para comer lo que quisiera porque ella pasaría el día fuera.
Estoy temiéndome que al final la conversación tan esperada se demore otro año...por mí, encantado.
Hoy, día de los “Santos Inocentes” no trabajo, como llevo muchos años en la empresa, llegué a un acuerdo con la dirección, en vez de coger un mes de vacaciones en verano, que se me hace muy largo, dejar unos días para Navidad o Semana Santa y así disfruto en éstas fechas de unas mini vacaciones.
Pues yo no me quedo en casa, me iré a dar una vuelta.
Día 29 de Diciembre.
Del diario de Joaquín.
¡Dios mío, dame fuerzas! ¿Qué más puede ocurrir en estas terroríficas Fiestas? ¡Paz, Amor, Perdón...y un cuerno!!...¡¡Mi madre tiene un amante!!...No, me niego, mi madre no y no.
Ayer cuando estaba apunto de salir de casa, llamaron al portero automático de manera escandalosa, de momento no abrí porque pensé que serían niños para dar por culo al personal, ante la insistencia, pregunté quién era y resultó ser mi tía que venía con mis primos, abrí inmediatamente y se me echó a los brazos llorando desconsoladamente y de manera un tanto histérica, mandó a mis primos al jardín, (bueno realmente es un patio grande con plantas) y me contó lo siguiente: Que deja al “cerdo”, que hace tiempo que no consiente que la toque, que siente un asco infinito, que no sabía qué había podido ver en él que si patatín que si patatán, yo la consolé como pude y la conduje a la habitación de invitados, iba a pasar unos días en casa, me dijo, hasta que viese qué iba a hacer con su vida, pero que con el camionero no volvía bajo ningún concepto.
Al final quedamos en que yo me llevaba a los niños a la Pista de Hielo es el centro deportivo y que ya, les invitaba a comer.
La Pista de Hielo estaba a tope, pero no tuvimos problemas para alquilar patines, yo no patino muy bien, mas bien todo lo contrario, pero mis sobrinos dijeron que no me preocupase que ellos me llevaban de la mano porque no tenían problemas con el patinaje sobre cuchilla. Me dejé convencer y ahí estaba yo, en la pista, haciendo malabarismos para no dar con mis huesos en el hielo y mientras tanto mis sobrinos demostrándome su pericia, como me vieron torpe, me agarraron de la mano y así fuimos los tres balanceándonos por la pista, cuando nos quisimos dar cuenta, se habían ido añadiendo personas a nuestro trío y venga a unirse gente y venga y venga...al final éramos una fila enorme que casi ocupábamos la pista, era divertido, nos reíamos y cantábamos, pero me empecé a asustar porque yo iba en un lateral, justo el último o el primero, según se mire, la fila iba cogiendo fuerza centrífuga y a mí prácticamente me llevaban en “volandas”. En el otro extremo iba un tío grandullón que era el que conducía a todos y marcaba la ruta y los cambios y giros y yo, el último, a los caprichos del gilipollas, iba a una velocidad vertiginosa, bueno, me llevaban más bien y yo chillaba de espanto, pero el tío ese, debe ser que creía que yo gritaba de satisfacción y venga a dar giros y cambiar de dirección...y yo el último era como cuando de niño jugaba al látigo y el último siempre se daba el porrazo, iba despendolado, me dolía la garganta de gritar y al final...¡¡¡otro hostiazo para mi curriculum!!! esta vez, perdí el sentido de verdad.
Del diario de Julia.
Estaba hablando con mi hijo, le miro y me da pena, la verdad...bueno eso, estaba con mi hijo en su habitación y sonó el teléfono, era Vicente y me invitó a pasar el día con él, la verdad, acepté encantada, normalmente no salíamos nunca, así es que el cambio me satisfizo, me arreglé y me despedí de Joaquín avisándole que tenía comida en el frigorífico.
Para mi sorpresa nos fuimos a La Pista de Hielo del Centro Deportivo, yo nunca había patinado con cuchilla y me dijo Vicente que tranquila, que era parecido al patín de ruedas y que él estaba a mi lado. Lo estábamos pasando genial, de hecho nos unimos a un látigo enorme y estuvimos riéndonos a mandíbula batiente, el que conducía el látigo era un monitor y yo sentía pena por el “pánfilo” que iba el último, se oían sus gritos por todo el pabellón...al final el pobre hombre se dio un golpe tremendo y fue a parar al centro de la pista después de rebotar con el lateral, quedó en una postura un tanto extraña y todos corrimos hacía él para auxiliarle...grité despavorida, era mi hijo, mi Joaquín y con él estaban mis sobrinos, casi me da una lipotimia.
Del diario de Joaquín.
Abrí los ojos en un sitio deslumbrante y creí que estaba muerto y que lo que estaba viendo era esa luz que cuenta la gente que ve, cuando la está palmando, pero no debía ser eso porque también estaba mi madre con su cara por encima de la mía, más pálida que el papel, pobrecilla, ¿pero dónde estaba yo? Poco a poco fui recordando y mi madre me dijo que me encontraba en la enfermería de la Pista de Hielo porque había tenido una caída atroz, cuando mencionó mi madre la caída, me empezó a doler todo el cuerpo, en la enfermería también se encontraba el grandullón que tiraba del látigo y quise incorporarme para darle un hostiazo por gilipollas y desalmado. Luego resultó que el tío era majo y me dijo que creía que yo gritaba ¡más, más!!
En la enfermería estaban el monitor, mi madre, mis sobrinos y el doctor, al que pregunté si me podía levantar e irme a casa, para mi sorpresa mi madre me dijo que no era doctor, que se llamaba Vicente y era su novio...volví a perder el conocimiento.
Esencial mujer
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